¿Donde estoy? Me dije en voz baja, no entendía con que concordaba el entorno que veía a mí alrededor; a parte todo estaba oscuro como si hubiera entrado a un lugar cerrado luego de haber estado expuesto a la luz del sol. Después de unos segundos, de un techo de madera cuidadosamente pulido caían gotas negras que al tener contacto con una superficie tomaban formas, era muy raro, primero eran bancas del mismo material del techo, luego se formo un altar, en ese momento descifre que se trataba de una iglesia, era obvio. En aproximadamente 30 segundos dejaron de descender aquellas gotas negras, todo había tomado forma, había un Jesucristo gigante al final del altar colgado en la pared y todo tipo de santos y vírgenes a mi alrededor, en ese momento estuve totalmente seguro que se trataba de una iglesia.
De repente apareció el sacerdote junto con el grupo de monaguillos, me acerque al altar y enseguida me percate que no podían verme, que era invisible para ellos, después de aplaudirles, gritarles y pasarle la mano por enfrente de sus ojos me rendí y decidí irme, les di la espalda y me doy cuenta que la iglesia estaba llena de personas, las cuales vestían todas trajes de gala, camine por el pasillo principal y me asuste al reconocer todas las personas que se encontraban sentadas del lado derecho de la iglesia, a diferencia del lado izquierdo las cuales sentía que conocía pero no comprendía porque, si nunca los había visto. Mi respiración se torno agitada, me estaba desesperando, miraba como loco a mi alrededor estaba atónito, voltee hacia el altar e inmediatamente me pare en seco, la imagen ante mis ojos fue inexplicable, era ilógico, en el altar estaba parado un hombre que la euforia brotaban de sus poros, alto, con el cabello peinado perfectamente hacia atrás con un traje exquisitamente elegante, era el novio, era yo.
La imagen duro unos segundos intacta ante mi vista, ahora si no entendía nada, en el preciso momento en el cual di un paso, escuche un órgano que rompió con los murmullos de los invitados en la iglesia y comenzó a sonar la marcha nupcial, como ya sabia lo que seguía voltee y la vi, no podía ver su cara era extraño parecía un borrón o como si el cristal de los lentes se hubieran empañado, el asunto era que no tenia lentes. En cuestión de segundos todos estaban en sus puestos y la ceremonia había empezado, era increíble el hecho de que esta parado en medio del pasillo principal observando mi propia boda, sin saber quien era la bella novia que estaba a mi lado con ese hermoso vestido color blanco, del cual se desprendía un cola un tanto larga, su cabello largo negro azabache era precioso, tenia un tez clara y unos labios ligeramente finos, sus delicadas manos rodeaban el buque de rosas blancas, perfecta, era la mujer prefecta parada justo a mi lado con la cual dentro de unos minutos me casaría.
Mis oídos, oyeron la pregunta que todos esperaban, la cual ella aceptó sin ningún titubeo, luego me preguntarían a mi, en el momento que el sacerdote esta formulando la pregunta, mis lentes se desempañaron y reconocí inmediatamente el rostro frente a mi otro yo, sonreí, y justo en el momento que pronunciaba la palabra acepto mi cuerpo fue halado hacia atrás y todas aquella imagen de la boda perfecta se desvanecía y en su lugar quedo un ambiente totalmente distinto, tenia en frente de mi la misma mujer pero vestida totalmente distinto, su brazo se posaba en el hombro de su compañero y juntos veían en frente de ellos la orilla de una playa; frente de mi estaban tres de mis amigos haciendo comentarios sobre la vestimenta de quien era para mi, la mujer mas hermosa de este planeta, se escuchaba música que provenía del interior del local la cual se detuvo para anunciarles a un grupo de jóvenes que su transporte los esperaba a fuera para irse a su hotel, me levante de donde estaba sentado y camine un poco para estar justo detrás de ella, le toque el hombro y ella volteó, le dije - Chao- la besé en la mejilla, la abracé, olí su perfume a mujer y le dije: - Nos vemos en Maracaibo-.
El 9 de agosto del 2010 aproximadamente a las 2:40 am fue la ultima vez que la ví, estaba enamorado de ella, en realidad quería besarla de la manera mas apasionada que se pudiera lograr, pero no lo hice; quería decirle que la amaba y que era la mujer con que me imaginaba en el altar pero no lo hice, deseaba decirle que era su hombre perfecto con el cual podía hablar de cultura general y del derrame de petróleo pero no lo hice. Ahora dos meses después me arrepiento totalmente de no haber hecho lo que moría por hacer aunque no hubiera causado tanto cambio en nuestro futuro ya que días después a aquella noche ella partiría a otro país y yo me quedaría sentado en una laptop redactando lo que posiblemente hubiera sido el final de una historia de amor que ahora solo es posible en el hemisferio derecho de mi cerebro, en mi imaginación.

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